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viernes, 29 de marzo de 2013

HISTORIAS TABÚ.LA CANCIÓN DE LAS PULGAS de Gustavo Roldán.


"HISTORIAS TABÚ"


LA CANCIÓN DE LAS PULGAS
de Gustavo Roldán - 1990







¿A quién no le gusta la canción de las pulgas?

Es irresistible. Sobre todo cuando hay que decir esa mala palabrita del final, que es lo más divertido que tiene.

Por eso cuando mamá pulga trata de disuadirlas, las pulguitas se las ingenian para volver a entonarla.

La canción de las pulgas: encuentra a la mala palabra exactamente como la percibe uno de chico.

Las siete pulguitas se despiertan todas las mañanas y cantan una hermosa canción pero no entienden por qué a su mamá no le gusta.

La canción dice algo así como:

pata, peta, pita, pota, puta
puta, peta, pita, pota, pata
cuando me despierto todas las mañanas
me dan ganas de cantar
pata, peta, pita, pota, puta.


La mamá les sugiere que canten otra canción y en ningún momento se menciona ni que las pulguitas sepan que puta es una mala palabra ni que la mamá les reproche modales o algo de eso.





HISTORIAS TABÚ. Cuento EL TOPITO BIROLO.


"HISTORIAS TABÚ"

Cuento

EL TOPITO BIROLO

"Del topito Birolo y todo lo que pudo haberle caído en la cabeza"


Autores: Werner Holzwarth y Wolf Erlbruch
Editorial: Centro Editor de América Latina
Recomendado para niños entre 3 y 6 años.
Año 1991














Este libro para pequeños lectores exitoso en Dinamarca, aborda precisamente el tema de las palabras tabú, pero, aparentemente, sin salirse de las normas: no menciona en ningún momento la palabra "caca". Sin embargo, una actitud burlona y desobediente se percibe en todo el libro.

Algunos dicen que TOPITO BIROLO es un libro que se puede leer, tocar, pero también se puede oler.

Las imágenes y las onomatopeyas se encargan de mostrar aquello que las palabras ocultan.

Los rostros y poses de los animales dibujados y las repeticiones en el texto invitan a reír a grandes y a chicos. 



"¡Cuánta puntería! ¿Quién se hizo en mi cabeza?" se pregunta el topito asombrado mientras se pasea de aquí para allá, buscando al culpable con un gigantesco adorno en su cabeza.






A modo de relato detectivesco Birolo irá entrevistando, acusador a los diferentes animales para averiguar la verdad, pero cada uno alegará inocencia mostrándole la diferencia entre sus propios desechos y ESO que el topito porta.


   
                                         Imagen por Wolf Erlbruch


Finalmente, se llegará a un desenlace también humorístico, que muchos lectores/detectives seguramente habrán descubierto antes que el personaje.

Un texto que desobedece, se ríe de los tabués y, por supuesto, logra la adhesión de los más chiquitos.










 ¿Cuál es entonces el secreto de este libro? 

En lo inmediato observable vemos, por ejemplo, que los chicos se tapan la boca, levantan las cejas, abren los ojos y miran al adulto en señal de perplejidad. Reacciones que revelan que no es esperable que los adultos -sobre todo si son docentes- den a leer esta clase de libros. Y esto se asocia a una segunda causa por la que los chicos se quedan con este libro: el adulto pasa a ser un aliado que se suma al proyecto de lo festivo. Este tipo de contacto establece una nueva modalidad, de las relaciones entre las personas, opuesta a las reacciones jerarquizadas de todos los días.





              
Para continuar, vemos en el libro que estas figuras recortadas sobre un fondo blanco no son un correlato del texto escrito, sino que están en función de ampliar significados. Pero no solamente porque muestren lo que no dicen las palabras. El hecho de que los animales (exceptuando al topo) estén representados con grandiosidad en sus dimensiones alude, sin duda, a la pequeñez del topo y al ángulo desde donde está mirando. Y si afinamos la vista, también vamos a poder detectar que el color con el que está pintado el topo es más fuerte, y que sus rasgos también son más fuertes. Hay algo en el orden de la significación que se pone en juego pero que no está expresamente dicho, sino que admite cierta polisemia. Del mismo modo, la expresividad corporal lograda por los contornos, la mímica y los gestos, revela la actitud de los personajes. Así, el topo pasará por todas las páginas con su cabeza abonada, ahora cruzando los brazos a modo de reproche, ahora como un observador miope, ahora tímidamente detrás de la para de la vaca.






                                                            



Todo con absoluta circunspección y clama. Mientras tanto, como dijimos, los animales que responden a una representación gigantesca frente al texto necesariamente deben ser completados desde la mirada del lector de imágenes que profundiza sus rasgos, en relación directa al aplomo del personaje protagonista. 








Entre las palabras y la imagen hay cierta omisión, ya que las palabras ocultan lo que la ilustración descubre: disímiles tamaños, formas, colores, y hasta texturas de deposiciones de la compañia animal, pueblan las páginas de un cuento que convoca desde lo que no se dice. Es decir, mientras las palabras nos describen "ESO, redondo, café y ... oloroso" (prescindiendo de la palabra prohibida), la imagen devela una contundente, colorida y redondeada deposición que hace a las delicias del público infantil. Todo a través de una gradación de rasgos repetitivos que produce el incremento de la intriga, en la medida en que el topito atraviesa un espacio tras otro en busca de una respuesta: "¿Fuiste tú quién se hizo en mi cabeza?" En realidad, como sabemos, la repetición es un rasgo de la literatura para niños. Pero, en este caso, no funciona prioritariamente como recurso infantil, sino como el punto desde donde se destapará lo prohibido. En otras palabras, en el procedimiento literario de omitir "caca" y, al mismo tiempo, volverla explícita en la imagen, hay una burla irónica hacia el tabú en el orden de la palabra; pues en el mundo está "la caca"; en el mundo más allá de las palabras. 

Imagen por Wolf Erlbruch




Algunos datos nos permiten inferir el carácter complejo de este texto: el tamaño del personaje, la dimensión gigante que le otorga a los demás personajes, la ingenuidad de su pregunta directa, la ausencia de especulación y la actitud arrebatada de pagar con la misma moneda, desobedeciendo el mandato de poner la otra mejilla. ¿Todo esto no nos recuerda a otros personajes? ¿Quién es el que no se subordina naturalmente cuando lo intimidan? ¿Quiénes son esos que, mucho más grandes que el topo, están amarrados como Juan Chuletas, el perro del carnicero? ¿Están atados la vaca, el chancho o el conejo? ¿Cuál es el animal que tiene menos libertad? ¿Y cómo usa su libertad cuando apenas la tiene?





HISTORIAS TABÚ.




"HISTORIAS TABÚ"



 




Gianni Rodari "llama "tabú" a cierto tipo de historias  que considera útil contar a los niños, pero ante las cuales muchos fruncirán la nariz. Estas historias son un intento de discurrir con el niño sobre temas que le interesan íntimamente, pero que la educación tradicional relega, en general, al rincón de las cosas que "no está bien hablar": sus funciones corporales, su curiosidad sexual...

Cree que no sólo en las familias, sino también en las escuelas se debería poder hablar de estas cosas con plena libertad y no sólo en términos científicos... Conoce igualmente los problemas de los docentes, ya sean de jardín de infantes como primaria o media, que quieren ayudar a niños y a muchachos a expresar totalmente sus contenidos, a liberarse de todos los miedos, a desterrar cualquier eventual sentido de culpa. Aquella parte de la opinión pública que respeta los "tabúes", rápidamente los acusa de obscenidad, hace intervenir a las autoridades escolares, agita el código penal".

Gianni Rodari también expresa que  "las fábulas populares, en este aspecto, están olímpicamente libres de cualquier hipocresía. Con su libertad narrativa, no dudan en usar eso que se llama "jerga excrementicia", en suscitar la risa llamada "indecente", en dar información clara de relaciones sexuales, etc. ¿Podemos hacer nuestra aquella risa, no indecente, sino liberadora?" El autor mencionado cree honestamente que sí.

Agrega: "Sabemos lo importante que es para el crecimiento del niño la conquista del control de las funciones corporales. El psicoanálisis verdaderamente nos ha prestado un gran servicio al enseñarnos que a esta conquista está asociado un intenso y delicado proceso emotivo. Además, forma parte igualmente de la experiencia de cada familia el largo período en que el niño tiene relaciones completamente especiales con el "orinal", relaciones en la que implica, envolviendo en ellos, y en los rituales en que toman forma, a los familiares mismos. Son las amenazas "si no lo hace", promesas si se decide a "hacerlo", premios y triunfos si "lo ha hecho" y lo enseña orgullosamente como prueba de su bravura. Y atentas inspecciones, discursos entre adultos sobre el significado de ciertos indicios, consultas con el médico, telefonazos a la tía que lo sabe todo. No es de extrañar, por tanto, que en la vida del niño, durante años. "el orinal" y todo lo que le concierne adquiera un relieve casi dramático, asociándosele impresiones contradictorias e incluso misteriosas, ya que de esta cosa tan importante, no se puede hablar libremente, ni mucho menos burlarse.

Los adultos para decir que una cosa no es buena, no se toca, no se mira, dicen que es "caca". Nace así en torno a la "caca" un mundo de cosas sospechosas, prohibidas, quizás culpables. Aparecen tensiones, preocupaciones, pesadillas. El adulto, por lo menos las lleva dentro, sin saberlo, como objetos misteriosos escondidos en un cuerpo prohibido. Pero el adulto puede buscar y encontrar una compensación en la comicidad de lo sucio, de lo obsceno, de lo prohibido, comicidad que está presente en las fábulas, y aún más en el repertorio de chistes que no se cuentan en presencia de los niños y que los viajantes de comercio difunden de pueblo en pueblo, igual que los antiguos mercaderes difundían los relatos de maravillosos y lejanos acontecimientos o las leyendas de los santos. Esta risa está prohibida al niño. Y en cambio es precisamente él quien la necesita más que el adulto...

Nada como la risa puede ayudarle a desdramatizar, a equilibrar sus relaciones con el tema, a escapar de la cárcel de las impresiones inquietantes, de las teorizaciones neuróticas. Hay un período durante el que es casi indispensable inventar, para él y con él, historias de "caca", de "orinales", y similares. Gianni Rodari lo ha hecho y conoce muchos otros padres que lo han hecho y no se han arrepentido".

Dice el autor que las veces que ha ido a alguna escuela a contar pequeñas historias, le piden su "Historia del Rey Midas, el liberado de convertir en oro todo lo que toca, por un contratiempo se ve obligado a transformar lo que toca en "caca", y lo primero que toca es precisamente su coche..."

Este relato "no tiene nada especial pero frecuentemente, mientras lo cuenta, por la clase serpentea una especie de atención maliciosa. los niños quieren escucharlo pronunciar la palabra "caca" con todas las letras y, por el modo en que ríen en aquel momento, se comprende perfectamente que los pobres no han podido desahogarse nunca pronunciándola personalmente, hasta darse el gusto".

En los jardines de infantes, cuando son realmente libres de inventar historias y de hablar  de las cosas que para ellos cuentan, atraviesan un período durante el que hacen un uso intenso, agresivo, casi obsesivo, de las llamadas "palabrotas"...

"El niño a quien el ambiente ha puesto en condiciones de expresarse sin censuras, se ha apresurado a usar esta libertad para que sus fines, esto es, para exorcizar cualquier sentimiento de culpa ligado al aprendizaje de las funciones corporales. Se trata de "palabras prohibidas", que "no están bien ", que "no se deben decir", según el modelo cultural familiar: pronunciarlas significa, por lo tanto, el rechazo de aquel modelo represivo, volcar en la risa el sentimiento de culpa.

A través de este escape pasa más de una operación de autoliberación del miedo, de todos los miedos. El niño personifica a sus enemigos, a todo lo que significa culpa y amenaza, y los lanza a unos contra otros, divirtiéndose en humillarlos"...

Texto extraído del libro GRAMÁTICA DE LA FANTASÍA. Introducción al arte de inventar historias de GIANNI RODARI. Colección Nuevos Caminos. Eliciones Colihue/Biblioser. Buenos Aires, 2011.