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sábado, 13 de octubre de 2012

"CUENTOS DE LA PERIFERIA" de Sahun Tan.



Me parece que me quedé  aferrada a "LA LUNA DE VALENCIA", ya que hace unos días que me ausenté estando físicamente presente.

Estuve leyendo "CUENTOS DE LA PERIFERIA" de Sahun Tan.






Con respecto al autor, les conté acerca de él en las entradas de los días 9 y 21 de septiembre.


Según Barbara Fiore Editora, CUENTOS DE LA PERIFERIA es una antología de quince historias ilustradas muy breves. Cada historia trata una situación o un acontecimiento extraño que tiene lugar en un barrio residencial, que de lo contrario podría ser de lo más corriente: 

la visita de un estudiante extranjero de intercambio del tamaño de una nuez,




una criatura marina en el jardín de una casa,







una máquina siniestra instalada en un parque o un búfalo sabio que vive en una parcela vacía.




El verdadero tema de cada historia es la normalidad con la que la gente reacciona ante esos incidentes, y cómo su importancia se descubre, se ignora o simplemente se malinterpreta.

La "PERIFERIA" podria referirse tanto a un estado mental como a un lugar: algo cercano y conocido pero también al borde de la conciencia (no muy distinto a "LA LUNA DE VALENCIA"). La periferia se representa a menudo como un lugar banal, cotidiano e incluso aburrido que tiende a pasar inadvertido. Es un lugar para la imaginería subconsciente. 






Shaun Tan expresa que siempre le ha atraído la idea de la "fantasía" de la periferia, tanto en su obra como en la de otros artistas y escritores, debido al contraste entre lo mundano y lo extraordinario, que puede tener un efecto divertido o perturbador, y potencialmente, incluso puede convertirse en motivo de reflexión.

Esta historia tiene que ver con algo de su experiencia vital, ya que se crió en un ambiente residencial de la periferia.

Comenta, además que, Perth es la capital más aislada del mundo, y su hogar familiar estaba en la periferia norte, que en aquél entonces estaba en pleno desarrollo. Tomaba atajos atravesando los matorrales para ir al supermercado, a la escuela y a enormes playas de arena más allá de las salvajes dunas. Los barrios de la periferia norte parecían el fin del mundo, por aquél entonces. Eran absolutamente normales, pero resultaban liberadores por lo tranquilo y despejados que eran, y no estaban exentos de una extraña belleza.

Muchos de los cuadros que él pintó durante su adolescencia son grandes lienzos que representan silenciosos paisajes urbanos de la periferia: senderos vacíos, parques sombreados, calles de fachadas vacías, ventanas sumidas en sombras y calles amplias: en definitiva, lo que veía cada día.

Para Sahun Tan cada historia es una fusión de realidad, fantasía, juegos infantiles y reflexión adulta. Todo ello lo podemos conocer un poco más visitando el siguiente link:





Perth - Australia









domingo, 9 de septiembre de 2012

EL ÁRBOL ROJO de Shaun Tan.



EL ÁRBOL ROJO de Shaun Tan






El árbol rojo, de Shaun Tan, es la primer obra de este autor e ilustrador australiano. Después siguen La cosa perdida, Emigrantes y finalmente Esbozos de una tierra sin nombre. Son las obras de Shaun Tan que están traducidas al español y publicadas por Barbara Fiore Editora.

En sus ilustraciones, Shaun Tan utiliza óleos y collages para crear mundos donde las figuras (muchas veces irreales surgidas de la imaginación del ilustrador) y los colores nunca son aleatorios, siempre buscan sugerir y despertar sensaciones en el lector. 

La historia en este caso es mínima, casi inexistente. Habla de desesperanza, y sobre cómo encontrar algo a que aferrarnos para seguir adelante.

El árbol rojo es una historia sin una narrativa definida. Es una serie de mundos imaginarios que invitan a los lectores a extraer su propio significado en ausencia de cualquier tipo de explicación escrita. Como concepto, el libro se inspira en el impulso de los niños y adultos para describir sentimientos mediante metáforas: monstruos, tormentas, la luz del sol, el arco iris, etc.




Una jovencita sin nombre aparece en todas las imágenes como un sustituto de nosotros mismos. Pasa, sin poder hacer nada, por malos momentos hasta que acaba por encontrar algo esperanzador al final de su viaje.

El árbol rojo empezó más que nada como una historia experimental, la idea era crear un libro sin historia.

La ilustración es una buena manera de expresar tanto sentimientos como ideas, en parte porque es externa al lenguaje verbal del mismo modo que muchas emociones pueden ser difíciles de articular mediante palabras. Por consiguiente, continúa expresando Shaun Tan que sería interesante  hacer un álbum ilustrado sobre sentimientos, sin necesidad de una línea narrativa de contexto.

El resultado después de mucho garabatear fue una serie de paisajes imaginarios que sólo quedaban conectados por un mínimo de hilo de texto y por la silenciosa figura de una chica que siempre aparecía en el centro y con la que el lector está invitado a identificarse.




Cada una de las imágines está abierta a varias interpretaciones en la ausencia de una descripcón que las complemente. La mínima historia que pueda haber allí intenta recordarnos que, del mismo modo que los sentimientos negativos son inevitables, la esperanza siempre consigue mitigarlos.




Originalmente Shaun Tan tenía previsto hacer ilustraciones que cubrieran un abanico de sentimientos: miedo, alegría, tristeza, asombro, etc. Pero nos dice, que cuanto más trabaja en ello, más se concentró en los sentimientos negativos, especialmente sentimientos de soledad y depresión, y más interesantes le parecían desde un punto de vista personal como artístico. No es que él sea una persona infeliz, es sólo que esas ideas parecen  que invitan más a la reflexión.



Sus imágenes a menudo son "sombrías", porque tal vez le atraen más las cosas que no acaban de estar bien. Cree que ese tipo de cosas son interesantes desde un punto de vista artístico, quizás porque no son temas resueltos, como un rompecabezas. Al mismo tiempo, le gustan las obras festivas, como lo es en últtima instancia El árbol rojo, pero en las que cualquier significado aparente siempre queda unido a la incerteza.




El árbol rojo puede florecer, pero también morirá, por lo que nada es absoluto o definido. Es necesaria una reflexión concienzuda de la vida real como algo que está continuamente buscando una resolución.






Elegí este texto porque sostengo que todos "alguna vez" o tal vez "muchas" nos identificamos con la silenciosa chica del cuento.

Realmente la considero una obra de arte y comparto estas palabras elegidas por muchos y escritas por  Eisntein : "El Arte es la expresión de los más profundos sentimientos de la manera más sencilla".


Además, también Sahun Tan comenta que siempre le ha gustado el fenomenal álbum ilustrado de Chris Van Allsburg The Mysteries of Harris Burdick (1984) que es un gran ejemplo de enigma de palaras e imágenes que exhibe fragmentos parciales de historias desconocidas y deja que el lector recurra a su imaginación. No es una narración secuencial a pesar de que los álbumes ilustrados son ideales para ello. En cambio puedes abrirlo en cualquier página, leerlo al revés o en el orden habitual y contemplar durante el tiempo que haga falta cada ilustración.

Ahora compartamos fragmentos del fenomenal álbum ulustrado que le ha gustado a Sahun Tan






http://www.barbara-fiore.com/84-933980-4-7/933980-4-7-1.html
http://barbara-fiore.com/index.php/libros-archivos/el-arbol-rojo/







Agradezco enormemente a todos lo que han permitido informarme y rescatar aquello que comparto y me es profundamente significativo.









domingo, 2 de septiembre de 2012

LA COSA PERDIDA DE Shaun Tan.


 LA COSA PERDIDA 
                            libro-álbum  de Shaun Tan



  
                                     




              Shaun Tan gana un Oscar por "La cosa perdida"




Sahun Tan , el ilustrador australiano afirma:

"Me interesó la idea de una criatura o persona que realmente no procediera de ninguna parte, ni que tuviera ningún tipo de relación con nada, que simplemente estuviera "perdida". Quería contar la historia desde el punto de vista de un personaje que representaría cómo podría yo reponder personalmente a ello, por lo que el narrador anónimo soy esencialmente yo (aunque yo solía recoger conchas en la playa en lugar de tapitas de botellas".












La cosa perdida -libro-álbum- es una historia humorística sobre un chico que descubre una criatura de aspecto extraño mientras recoje tapitas de botellas en la playa.





Le parece que está perdida e intenta descubrir a quién pertenece, pero el problema es recibido con indiferencia por el resto de la gente, que apenas advierten su presencia. Nadie se muestra dispuesto a ayudar, cada uno a su manera: extraños, amigos, familiares... todos rehusan prestar atención a esa interrupción inesperada de sus respectivas rutinas. A pesar de la simpatía que le despierta el chico lamenta la desventura de la criatura y hace lo posible para encontrar el lugar al que pertenece.






 Las ilustraciones originales de libro se expusieron en el Museo de Arte Itabashi de Tokio






Sahun Tan expresa: "Tardé un par de semanas en escribir la historia en la mesa de mi cocina, el esbozo original era mucho más largo y detallado, y estaba ambientado en un barrio residencial muy parecido al sitio donde yo crecí. Más adelante eso cambió cuando empecé a desarrollar la idea de que sería una especie de barrio "retro-futurista" en el que casi no habría seres vivos aparte de la gente y todo sería muy aburrido y agobiante, aunque a nadie le importaría demasiado.




El texto está escrito como si fuera una anécdota cualquiera, contada por el chico y dirigida al lector presentándola como una especie de historia del tipo "lo que hice durante el verano". Es significativo que la criatura en cuestión no se describa nunca físicamente, y que se diga poca cosa acerca del entorno en el que se desarrolla la historia: ahí es donde entran en juego las ilustraciones.

Todas las imágenes están enmarcadas por un collage de texto y diagramas recortados de viejos libros de texto de física y matemáticas. Fueron los libros que había utilizado mi padre cuando estudió ingeniería, que inspiraron gran parte de la estética del libro: le dan un cierto sentido a ese mundo árido e industrial que aparece en las imágenes, una especie de funcionalidad sin sentido tan inútil como divertida.






Hay una cierta "poesía" accidental que a menudo tiene lugar cuando se utiliza la técnica collage, cuando un capítulo encabezado por un manual de ingeniería puede dar paso a un comentario no intencionado sobre la vida. La colección de chapas a partir de tapitas de botellas de cerveza (que me proporcionó mi compañero de piso) parece resumir perfectamente el universo de un modo abstracto, perfecto para el diseño de las guardas del libro.






Siempre supe que la cosa perdida en sí misma tendría que ser roja y grande, que tendría que destacar para que nos preguntáramos por qué nadie repara en ella (esta es la cuestión clave de la historia, para la que hoy no hay ninguna respuesta concreta). 

Lo principal era que tuviera un aspecto extraño, imposible de reconocer algo que no resulta fácil.






La criatura existe para crear un contraste respecto al mundo en el que habita y es enigmática, gratuita, desproporcionada y aparentemente no tiene ningún sentido. Representa todas esas cosas que la burocracia no puede comprender, por lo que no es digna de su atención. Al tratarse de una curiosidad, sólo esefectiva si la poblacióin siente esa curiosidad, pero no es así, porque la gente siempre está "demasiado ocupada" en cosas más importantes.

La cosa perdida  puede ser que no sea única, ni que esté sola.

Las criaturas abiertamente extrañas aparecen de vez en cuando en la ciudad, pero su presencia sólo puede medirse en tanto que alguien repare en ellas (es decir, por lo general nunca)".
    




(Bárbara Fiore Editora - Revista Imaginaria)




Conocí la playa de grande, ¡ me maravillé con aquella vista! Con el tiempo fue común encontrar en ella alguna que otra cosa perdida aunque nada tan extraño.  

En cuanto al álbum de chapitas, no hice uno,  pero coleccioné tapitas.

Cuando era chica, eran tapitas de cerveza, tal vez porque eran tapitas de esa bebida que tomaban los grandes y no los niños, a lo mejor por el olor impregnado en ellas o por los bordes que parecían cortar. Solía ponerlas en el brazo y al cerrarlo cuando abría quedaba impresa la forma de la tapita.
Sí, increible allí aparecía su forma. 

Hubo un tiempo que en la ciudad donde vivía los mozos destapaban las botellas y tiraban las tapas al suelo al suelo  -1967/1968-. ¿Cuántas se podían conseguir!

En el verano las veía incrustadas en la brea de las calles, algunas quedaban para arriba, otras para abajo.

Siempre, las tapitas me llamaron la atención, así que fui guardando las de color, las de cerveza, las de gaseosas, las que tenían propaganda de  Batman, de Bart Simpson, las de jugadores de fútbol, las que traen escritas palabras, números y otras que no recuerdo.


Estas tapitas son imágenes de La cosa perdida









Las próximas serán las mías.  Las buscaré y se las mostraré en otra de mis entradas!!!