miércoles, 8 de mayo de 2013

La parábola del bambú.


LA PARÁBOLA DEL BAMBÚ





Confianza y saber esperar.

No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y riego constante. 

También es obvio que quien cultiva la tierra no se para impaciente frente a la semilla sembrada y grita con todas sus fuerzas: "¡Crece, maldita seas!" ... 

Hay algo muy curioso que sucede con el bambú japonés y que lo transforma en no apto para impacientes: 

Siembras la semilla, la abonas, y te ocupas de regarla constantemente. 

Durante los primeros meses no sucede nada apreciable. En realidad no pasa nada   con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto, que un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas infértiles. 

Sin embargo, durante el séptimo año, en un período de sólo seis semanas la planta de bambú crece más de 30 metros! 

¿Tan sólo seis semanas tardó en crecer? 

NO. 

La verdad es que se tomó siete años y seis meses en desarrollarrse. 

Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitirían sostener el crecimiento que iba a tener después de siete años. 

Sin embargo, en la vida cotidiana, muchas personas tratan de encontrar soluciones rápidas, triunfos apresurados sin entender que el éxito es simplemente resultado del crecimiento interno y que éste requiere tiempo. 

Quizás por la misma impaciencia, muchos de aquellos que aspiran a resultados en corto plazo, abandonan súbitamente, justo cuando ya estaban a punto de conquistar la meta.

Es tarea difícil convencer al impaciente que sólo logran la conquista, aquellos que luchan en forma perseverante y saben esperar el momento adecuado. 

De igual manera es necesario entender que en muchas ocasiones estaremos frente a situaciones en las que creemos que nada está sucediendo. Y esto puede ser extremadamente frustrante.

En esos momentos, recordar el ciclo de maduración del bambú japonés, y aceptar que, sí está sucediendo algo dentro nuestro: estamos creciendo, estamos madurando.

Quienes no se dan por vencidos, van gradual e imperceptiblemente creando los hábitos y el temple que les permitirá sostener el logro , cuando éste, al fin, se materialice. 

Lograr lo que queremos es un proceso que lleva tiempo y dedicación. 

Es un proceso que exige aprender nuevos hábitos y nos obliga a descartar otros.

Es un proceso que exige cambios, acción y formidables dotes de paciencia.






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5 comentarios:

  1. Muy bonita reflexión, me ha gustado mucho la comparación con el bambú y cómo anécdota te diré que no sabía ese detalle que tardaba siete años y seis meses en crecer, las he tenido en casa y me maravillan pero lo que quieres decir es muy acertado, hay que ser pacientes y las cosas llevan su tiempo. Un saludo!!!

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  2. Muchas gracias!! y muy buen fin de semana!!! Cariños.

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  3. Es un proceso que exige cambios, acción y formidables dotes de paciencia.

    Me ha parecido una entrada muy enriquecedora.¡Gracias!
    Bendiciones!!!

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  4. Hola Helen.
    Hermoso e interesante post....me encantó!!
    Gracias por dejar tu huella en mi espacio, fue muy agradable llegar hasta aquí.....Lindo fin de semana....Un besito..

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  5. Me gustó muchísimo el post.
    Saber esperar sobre todo...
    Saludos

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